“Confía en tu propio instinto.
Que tus errores sean mejor tuyos,
en lugar de alguien más.” ~Billy Wilder
Conforme siga transcurriendo el tiempo en acorde con las agendas, actividades y resultados que un mundo sobrepoblado exige, algunas ciudades se verán objeto de abusos. Mientras que algunas ciudades gozarán de limpieza, salud y orden; otras entrarán, a pesar suyo, en la contaminación, la enfermedad, el desorden y la ignorancia.
He visitado distintas ciudades en el mundo, y he sentido los efectos de lo que pienso que es tóxico. ¿Será justo decir que todos sabemos notar la diferencia? Mi premisa es que quienes habitan las ciudades tóxicas han sentido los efectos de la contaminación, del ruido, de la violencia, del desorden, de la antipatía, de la condescendencia, de la inacción; sin embargo no todos son capaces de enfrentarse a una cosmovisión colectiva, emitir un juicio claro y mucho menos responder de manera responsable. Muchas de las veces, pasar un problema de largo es solucionarlo. En los casos de las ciudades tóxicas, mientras que el colectivo humano o sociedad entera deja pasar todos los problemas por desidia, falta de fuerza, falta de interés, o quizá por depresión o ganas de que todo toque fondo, el problema se va agraviando, la ciudad se vuelve cada vez más tóxica.
En las diferentes ciudades en las que he estado, mi ánimo ha sido distinto en cada una de ellas. Y ha habido ciudades que me han exaltado, motivado, desperado intereses latentes, hacerme sentir vivo. Hay otras ciudades que más bien me han debilitado y dado un sentimiento de enfermedad y desagrado. Como si de pronto el mero hecho de estar en ella fuera una decisión contraproducente para mi existencia, sabiendo que la geografía y la atmósfera y la flora y fauna actúan negativamente sobre mi espíritu, mi salud mental y mi salud física.
Hay ciudades en las que me he sentido mucho menos que mí mismo, donde siento que la totalidad de mi mismo se ve reducida a una mísera parte. Hubo momentos en que sentí que estaba comprometiendo los objetivos de mi vida con cada segundo que permanecía en alguna de esas ciudades.
Llamo a estas ciudades tóxicas porque mi Ser Auténtico se deterioraba hasta el punto en que yo ya no me reconocía a mí mismo. Y me negaba lo que era natural para mi intelecto, mi salud, mis facultades.
La etiqueta "tóxico" significa algo que quita vida y energía. Antes de que me diera cuenta, me sentía débil y frágil, sujeto a una ciudad a la cual le había dado mi poder.
Yo era culpable de ello. Permanecer en esas ciudades demasiado tiempo en el esfuerzo de hacer lo que supuestamente es correcto y aceptado por los estándares sociales -que varían de acuerdo a las ciudades y en las ciudades tóxicas son muy pobres esos estándares-, es decir, luchando por permanecer en una ciudad en lugar de "darse por vencido" o "darla por perdida".
Poco sabía de que mi deseo por agradar en esas ciudades tóxicas y ser aceptado en ellas estaba sofocando todo aquello que era lo adecuado para mí.
¿Por qué debía sacrificar mi felicidad por una sociedad que creía estar en lo correcto? Estaba viviendo atorado en una autocrítica y en el miedo, y a la sociedad sólo le importaba en la medida en que supieran que si el barco se iba a hundir, por lo menos nos hundiríamos juntos.
Mientras que algunas ciudades difíciles pueden abrir nuestros ojos a nuevas perspectivas y expandir nuestros horizontes mentales, algunas, obviamente, nos encierran y bloquean nuestro desarrollo. Nuestra intuición nos alertará si es de un modo u otro. Nos dice: el cambio y el crecimiento deben sentirse bien.
Es importante saber cuándo es que estás en una ciudad tóxica para que puedas elegir algo mejor para ti mismo.
Cuando estuve en ciudades tóxicas, ignoraba mi intuición para darle la razón a mi mente lógica, que me decía que perder esa ciudad era peor que estar en ella.
Sin embargo, nuestra intuición sabe más que eso; no es como nuestra mente, la intuición busca nuestra felicidad.
"Tóxico" no sólo significa obvio daño a la salud física, también representa los resultados psicológicos de permanecer en una ciudad tóxica. Quisiera compartir cómo aprendí a reconocer cuándo es que estaba en una ciudad que no era la adecuada para mí:
Hay cinco señales que te dicen que estás en una Ciudad Tóxica:
1. Parece que no puedes arreglar nada.
La sociedad entera no apoya y por más ideas que se generen en cuanto a la búsqueda de arreglarla, no se llega a ningún acuerdo. En general, las personas prefieren juzgarte a forjar un grupo que tienda hacia la solución de problemas a largo plazo. Los habitantes te atacan como glóbulos blancos cuando inicias un diálogo sobre lo que piensas que no está bien, y buscan por todos los medios retóricos bajarte a su nivel de pensamiento para que te sientas cómodo y puedas disfrutar de la basura con ellos.
2. Todo es como es; y tú no importas.
Las cosas son como son y nadie las puede cambiar. Ese es el esquema mental que llena el aire. La razón, la lógica y la sensatez en general no existen. Sólo existe algo que se le parece al "Aquí sólo mis chicarrones truenan." Si el promedio de la gente está mal y tú estás un poco "más bien", entonces no tienes derecho a quejarte, ni a decir nada. Las cosas son como son; y lo que tú puedas sentir no será escuchado. No hay una conversación de dos lados, y ninguna iniciativa será tratada con respeto ni considerada siquiera. En lugar de reconocer tus sentimientos, lucharán contigo hasta que tengan la última palabra.
3. Te sientes constantemente asediado por lo que acontece en la ciudad.
Cada día trae un nuevo problema. Es decir poco un nuevo problema. Salir a la calle, manejar, andar en bicicleta y bajo casi cualquier circunstancia se toparán con efectos negativos resultado de la cultura en general de la ciudad, su organización, geografía y demás elementos que se adhieren a su concepto. Su esfuerzo por controlar tu comportamiento es un intento por controlar tu felicidad.
4. Te sientes incómodo estando en ella.
Respiras el aire y sientes que te raspa la garganta, tomas un taxi y no te respeta el conductor, andas por la calle y te sientes inseguro, no sientes que puedes pedirle a alguien un abrazo, no te sientes con la libertad de expresar tus sentimientos. En términos generales tienes que ponerte una máscara sólo para ser aceptado por esa ciudad. Te das cuenta que ya ni siquiera te reconoces a ti mismo, y tampoco a tus amigos cercanos ni familiares.
5. No tienes permitido crecer ni cambiar.
Cada vez que te pones como objetivo crecer y desarrollarte, la ciudad responde con mofa, cábula, insultos, miradas e incredulidad. Nada en la ciudad te estimula o da apoyo a tus esfuerzos. En cambio, te mantiene atorado en los prejuicios viejos, insistiendo que nunca va nada a ser diferente de lo que es ahora.
Si estás experimentando siquiera una de estas señales, mira hacia adentro de ti mismo y considera si la ciudad te está haciendo más mal que bien. Evalúa la ciudad y lo que tiene valor para ti.
Aprehende las respuestas que lleguen a ti desde la intuición, ya que quiere lo mejor para ti -y esa ciudad quizá no sea para ti.
Toma acción deliberadamente de acuerdo a tu sensación visceral. No te arrepentirás.
Quizá tomes la decisión de hablar sobre tus sentimientos con otra persona, o quizá decidas poner distancia entre tú y esa ciudad. Lo importante es no hacerse loco.
Es importante que si te sientes incómodo o inestable en esa ciudad que no esperes a que los efectos de la miseria se transformen en una depresión. Tomar acción es la mejor medicina.
Ahora es tu turno: Sin dar nombres, ¿te encuentras en una ciudad tóxica? ¿Has dejado una ciudad tóxica y quieres compartir la decisión que cambió tu vida? ¿O tienes miedo de dejar esa ciudad tóxica por miedo a las repercusiones? Deja tu comentario y comparte tu experiencia.
Nota del editor: Si te encuentras en una ciudad que abusa de ti, busca ayuda. No esperes.
O.
-sabiduría simple para vidas complejas-