domingo, 20 de abril de 2014

Pedales

-Acabo de ver algo increíble -dijo Toledo Arana moviendo los brazos en una expresión dinámica e ininteligible que aclaraba una sola cosa: la confusión. Estaba parado frente a sus alumnos, todos ellos sentados en su pupitre volviendo las miradas con extrañeza, a la expectativa de una necedad, cualquier tontería o novedad con el mínimo de pólvora metafísica como para producir una ligera sorpresa. -Lo increíble es pensar que ustedes pueden recibir algo de mí. Mis inquietudes son mías y yo tengo una historia personal que me las impone. Tengo varios caminos limitados para intentar hallar una respuesta satisfactoria; pero ustedes... ustedes están aquí por la inquietud de alguien más. La inquietud de sus padres tuvo varios caminos limitados para intentar hallar una satifsacción y resultó que los dejaron a la deriva con nosotros, en un servicio, quitándoles la tarea a ellos de mostrarles cuáles han de ser sus inquietudes personales. En lugar de revelarles cuáles son sus propias inquietudes, nosotros les imponemos las inquietudes universales. Así, pues, lo importante no es su circunstancia. Lo único que importa es que ustedes pongan aquí atención a lo que yo les digo. Olvídense de que piensan, de que sienten, de que existen. Ustedes son mis víctimas.- Y Toledo Arana se puso a reír durante unos segundos. Ninguno de los alumnos tomó apuntes o respondió algo. Inició la clase planeada bajo la estrica guía determinada más allá de la frontera de lo que se les permite revelar. 

No hay comentarios.: